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UN DÉCADA DE FALLOS EN CATAMARCA REVELA CÓMO OPERA LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

A través de sentencias emblemáticas, la Justicia provincial consolidó un cuerpo doctrinario que describe la violencia de género como un fenómeno estructural basado en la desigualdad de poder y la cosificación.

UN DÉCADA DE FALLOS EN CATAMARCA REVELA CÓMO OPERA LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

A través de sentencias emblemáticas, la Justicia provincial consolidó un cuerpo doctrinario que describe la violencia de género como un fenómeno estructural basado en la desigualdad de poder y la cosificación.

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Catamarca reúne más de diez años de jurisprudencia que exponen la complejidad y persistencia de este fenómeno social. Desde la primera condena por femicidio del país, dictada en 2014 por el crimen de María Rita Valdez, hasta fallos recientes sobre acoso laboral, los tribunales locales han definido la violencia de género como un obstáculo al desarrollo personal, familiar y comunitario. En todos los casos, remarcaron la asimetría de poder y la afectación de derechos esenciales, tal como lo establece la Ley 26.485.

A lo largo de distintas causas, las Cámaras penales describieron escenarios de control coercitivo, agresiones físicas y psicológicas, amenazas, persecución y manipulación, elementos que conforman lo que especialistas identifican como “ciclo de violencia”. En este recorrido se inscriben condenas ejemplares, como la de Manuel Argentino Hernández por el femicidio de una adolescente en 2013, la de Jorge Luis Burgos por el incendio que terminó con la vida de su expareja y su hijo, y el caso de Esteban Castaño por el asesinato de Julieta Celina Herrera, donde se probó un esquema prolongado de sometimiento y aislamiento.

Las sentencias también incorporan el concepto de cosificación para describir la forma en que los agresores redujeron a sus víctimas a objetos de control y dominio. Un ejemplo reciente fue la condena a Bruno Matías Vuirli Saragusti por múltiples hechos de violencia, donde se resaltó la construcción deliberada de un vínculo desigual para ejercer supremacía. En paralelo, el fuero correccional dejó sentado un precedente en materia de violencia sexual en el ámbito laboral al condenar a un funcionario municipal por acoso sostenido hacia una joven empleada, marcado por jerarquía, manipulación y abuso de confianza.

Los tribunales subrayaron que la violencia de género opera en espiral ascendente: inicia con tensiones crecientes, deriva en agresiones manifiestas y suele cerrarse con períodos de aparente conciliación que reanudan el ciclo. En cada etapa, la desigualdad y el control son factores determinantes. Este cuerpo jurisprudencial, construido a lo largo de más de una década, expone cómo la violencia contra las mujeres continúa siendo un desafío profundo para la sociedad catamarqueña y un campo clave para la intervención del sistema judicial.

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