
LA POBREZA INFANTIL ALCANZÓ EL 53,6% EN 2025 Y CASI TRES DE CADA DIEZ NIÑOS SUFREN INSEGURIDAD ALIMENTARIA
Un informe de la UCA indicó que la indigencia llegó al 10,7% y que persisten altos niveles de vulnerabilidad pese a una leve mejora reciente.
La pobreza en niños y adolescentes en Argentina alcanzó el 53,6% en 2025, mientras que la indigencia se ubicó en el 10,7%, según la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). El informe, difundido este 22 de abril, señala que, aunque los indicadores muestran una mejora respecto de años anteriores, la situación continúa siendo crítica y responde a problemas estructurales.
De acuerdo con la serie histórica, en 2010 el 45,2% de los niños estaba en situación de pobreza. Tras una breve mejora en 2011 y 2012, los niveles aumentaron de forma sostenida y superaron el 60% entre 2020 y 2023. Si bien en 2024 y 2025 se registró una baja, los valores actuales permanecen por encima de los de la década pasada. En cuanto a la indigencia, luego de ubicarse cerca del 8% en 2011-2012, alcanzó un máximo de 17,7% en 2024 y descendió al 10,7% en 2025.
El estudio también advierte sobre la inseguridad alimentaria, que afectó al 28,8% de los niños y adolescentes en 2025, con un 13,2% en su forma más severa. A su vez, el 64,8% recibió algún tipo de asistencia alimentaria, el nivel más alto registrado, impulsado por la expansión de comedores y programas como la Tarjeta Alimentar.
En paralelo, la cobertura de transferencias como la Asignación Universal por Hijo alcanzó al 42,5%, con una leve caída interanual. Según la UCA, estas políticas están focalizadas en los sectores más vulnerables, pero no logran abarcar a toda la población que las necesita.
El informe también registra otras privaciones: el 19,8% de los niños dejó de asistir a controles de salud por motivos económicos, el 18,1% vive en viviendas precarias y el 20,9% en condiciones de hacinamiento. Además, el 42% reside en hogares sin acceso adecuado a saneamiento y el 37,5% enfrenta carencias en vestimenta. En conjunto, los datos reflejan una mejora reciente en algunos indicadores, pero con niveles de pobreza infantil elevados y múltiples dimensiones de vulnerabilidad aún presentes.