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A los 92 años, sigue entrando a las cocinas y mantiene vivo el legado gastronómico de su familia

María Teresa Corradini de Barbera llegó a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial y junto a su familia construyó uno de los grupos gastronómicos más tradicionales de Mendoza. Aunque el emprendimiento continúa en manos de sus hijos y nietos, todavía recorre las cocinas y detecta cualquier error con solo observar.

A los 92 años, sigue entrando a las cocinas y mantiene vivo el legado gastronómico de su familia

María Teresa Corradini de Barbera llegó a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial y junto a su familia construyó uno de los grupos gastronómicos más tradicionales de Mendoza. Aunque el emprendimiento continúa en manos de sus hijos y nietos, todavía recorre las cocinas y detecta cualquier error con solo observar.

María Teresa Corradini de Barbera tiene 92 años y lleva más de siete décadas vinculada a la gastronomía. Aunque hoy el legado familiar continúa principalmente en manos de hijos y nietos, todavía conserva una costumbre que parece imposible de abandonar: entrar a las cocinas para observar que todo esté en orden.

Camina despacio y en ocasiones necesita ayuda para desplazarse, pero cuando llega a una cocina su atención cambia. Observa las hornallas, las ollas y las parrillas, mira la intensidad del fuego y presta atención a los movimientos del equipo. Después de tantos años entre cacerolas, asegura que puede detectar rápidamente cuando algo no funciona como debería.

“Siendo que uno ha trabajado tanto, más de 70 años en la cocina, te das cuenta inmediatamente si hay una equivocación”, explica. Para ella, una cocina debe estar preparada antes de que lleguen los clientes: controlar el fuego, evitar que una preparación se pegue, encender la parrilla a tiempo y organizar cada detalle para brindar una buena atención.

Su familia construyó uno de los grupos gastronómicos más tradicionales de Mendoza. La historia comenzó con La Marchigiana y con el paso del tiempo se sumaron otros restaurantes que se transformaron en clásicos de la provincia. El emprendimiento familiar ya atraviesa cuatro generaciones y son sus nietos quienes continúan desarrollándolo.

Para María Teresa, sin embargo, la gastronomía nunca fue solamente un negocio. La considera un oficio que forma parte de su identidad y que está relacionado con el trabajo, la dedicación y el respeto por quienes se sientan a comer.

En ese sentido, sostiene que algunas tradiciones gastronómicas permanecen vigentes a pesar de los cambios en la forma de consumir y disfrutar la comida. “Hay platos que nunca se van a perder porque existe un paladar de familia”, afirma.

También destaca que los restaurantes italianos conservan la tradición de compartir en torno a una mesa y que los turistas buscan conocer los platos tradicionales de Mendoza.

Una historia marcada por la inmigración y el trabajo

Teresa llegó a la Argentina siendo adolescente, después de haber atravesado la Segunda Guerra Mundial. En 1948 dejó Italia junto a su familia en busca de nuevas oportunidades y finalmente Mendoza se convirtió en el lugar donde construyó su vida.

Allí conoció a su esposo y formó una familia numerosa. Con el tiempo, las recetas que había heredado de su madre se transformaron en parte de una identidad gastronómica familiar que trascendió generaciones.

Cuando recuerda el camino recorrido, Teresa no habla solamente de los restaurantes ni de los logros empresariales. Para ella, uno de los mayores valores de su historia fue haber podido brindar educación a sus hijos.

“Fue una familia de mucha lucha, como tantas. Haber podido dar educación a los hijos... eso es lo importante”, sostiene.

Su experiencia también la llevó a reflexionar sobre la situación del país. En la actualidad, asegura tener esperanza y reclama unidad. “Lo que tenemos que hacer es unirnos”, expresa, al tiempo que plantea la importancia de construir un país de paz y progreso.

Su visión está atravesada por la experiencia de haber vivido las consecuencias de una guerra. Durante el viaje hacia América perdió a un hermano y años después también sufrió la muerte de dos hijos. Sin embargo, el dolor no impidió que continuara con su vida y con el desarrollo de su familia.

Para Teresa, el trabajo y el aprendizaje de un oficio fueron siempre herramientas fundamentales para construir un futuro. Por eso durante años transmitió a quienes trabajaron junto a ella la importancia de aprender y desarrollarse.

“Hay que entender lo que es un país y aprender a amarlo”, sostiene.

Una tradición que continúa

A pesar de sus 92 años, María Teresa todavía siente que la cocina es su lugar. Cuando le preguntan por qué continúa entrando a los restaurantes, responde casi con naturalidad: “No sé... es toda la vida”.

Hoy son sus nietos quienes tienen la responsabilidad de continuar con el emprendimiento familiar. Teresa reconoce que hubiera preferido para ellos una actividad menos sacrificada, pero entiende que eligieron seguir el camino de la gastronomía.

“Es muy pesado. Pero ya que están, que luchen para hacerlo bien, con respeto y con amor”, afirma.

Así, después de más de siete décadas, la historia de María Teresa continúa ligada a las cocinas. Su legado no se mide solamente por los restaurantes que ayudó a construir, sino también por una manera de entender el trabajo: con esfuerzo, dedicación, respeto y amor por el oficio.

Porque para ella, todo puede comenzar con algo tan sencillo como encender correctamente una hornalla, preparar una salsa con paciencia y recibir al primer cliente como si fuera el único de la noche.

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