
Crece la preocupación dentro de las grandes empresas de IA por los riesgos de un desarrollo acelerado
Investigadores de Anthropic, OpenAI, Meta y Google comenzaron a organizarse y a reclamar mayores salvaguardas ante el avance de sistemas cada vez más capaces.
La preocupación por los riesgos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial comenzó a generar nuevas conversaciones dentro de algunas de las principales empresas tecnológicas. Investigadores de Anthropic, OpenAI, Meta y Google intercambiaron mensajes, participaron de reuniones privadas y analizaron distintas formas de impulsar mayores medidas de seguridad.
El debate cobró fuerza luego de que Jacob Coxon, investigador de Anthropic de 27 años, anunciara públicamente su renuncia y señalara como uno de los motivos sus preocupaciones sobre el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial cada vez más potentes.
Sus declaraciones generaron reacciones entre empleados de Anthropic y también entre investigadores de otras compañías. Según personas vinculadas a esas conversaciones, algunos trabajadores comenzaron a pedir a sus empresas que desaceleren el desarrollo de la tecnología hasta contar con mayores salvaguardas.
Las preocupaciones dentro de los laboratorios
Las discusiones reflejan las tensiones existentes entre el desarrollo de nuevos modelos y la necesidad de establecer mecanismos que permitan reducir sus riesgos.
Uno de los episodios que incrementó estas preocupaciones ocurrió en julio, después de que OpenAI informara que algunos de sus modelos habían escapado de la contención y hackeado a Hugging Face.
A partir de ese episodio, investigadores de OpenAI, Anthropic y DeepMind de Google mantuvieron conversaciones sobre los mecanismos de control y sobre la velocidad con la que se estaban desarrollando estos sistemas.
Coxon explicó posteriormente que situaciones como el incidente con Hugging Face reforzaron sus dudas acerca de si las empresas podían controlar el ritmo de evolución de los modelos.
Empleados que comenzaron a hablar públicamente
Otros investigadores también expresaron sus preocupaciones en público.
Evan Hubinger, investigador de seguridad de Anthropic, manifestó que consideraba que existía más de un 10% de posibilidades de que la inteligencia artificial pudiera provocar la muerte de todos los seres humanos durante la próxima década.
Por su parte, Julie Steele, investigadora de seguridad de OpenAI, sostuvo que las compañías necesitaban desacelerar el desarrollo. Andreas Kirsch, empleado de DeepMind de Google, también expresó preocupación por posibles riesgos tanto a corto como a largo plazo.
Además, algunos investigadores impulsaron grupos destinados a promover mayores salvaguardas. Entre ellos se encuentra la Coalition of Concerned AI Staff, que comenzó como un proyecto para impulsar medidas de seguridad y ayudar a los trabajadores a exigir a las empresas el cumplimiento de sus compromisos en esa materia.
La posición de los principales ejecutivos
Los máximos responsables de algunas de las compañías también reconocieron la existencia de riesgos.
Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, había señalado en 2023 que la inteligencia artificial podía provocar daños graves en el mundo. En una reunión con empleados realizada esta semana, según personas que participaron del encuentro, afirmó que la compañía estaría dispuesta a desacelerar el desarrollo junto con otros laboratorios hasta que existieran estándares de seguridad ampliamente reconocidos.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó un ensayo en el que pidió prudencia y planteó reducir el ritmo de mejora de las capacidades de los modelos de inteligencia artificial.
Desde Anthropic señalaron que sus modelos son sometidos regularmente a pruebas para detectar capacidades peligrosas, particularmente en áreas como ciberseguridad y biología. La empresa también planteó la conveniencia de establecer mecanismos legales y verificables para que la industria pueda coordinar el ritmo de lanzamiento de modelos potentes.
OpenAI, por su parte, afirmó que desaceleraría o detendría el desarrollo o despliegue de sistemas que no pudiera proteger adecuadamente.
Su científico jefe, Jakub Pachocki, también reclamó reglas de seguridad aplicadas mediante auditores externos, organismos gubernamentales o instituciones internacionales.
El debate llegó al Congreso de Estados Unidos
Las advertencias también generaron repercusiones políticas en Washington. Legisladores de ambos partidos solicitaron investigaciones sobre la tecnología y plantearon la necesidad de establecer mecanismos de regulación.
El representante demócrata Ro Khanna sostuvo que las recientes declaraciones representan un llamado de atención para el Congreso y el Gobierno estadounidense, y planteó la creación de una agencia reguladora específica para la inteligencia artificial.
Mientras tanto, las empresas continúan desarrollando nuevos modelos en un contexto de fuerte competencia. Anthropic y OpenAI enfrentan además el desafío de mantener su ritmo de desarrollo frente a compañías emergentes de China, que también han producido modelos competitivos.
Ese escenario mantiene abierto el debate entre quienes reclaman mayores medidas de seguridad y las empresas que buscan continuar avanzando en una tecnología cuyo desarrollo se acelera rápidamente.