
Disfagia: las texturas de alimentos y bebidas que pueden aumentar el riesgo de atragantamiento
Las dificultades para tragar pueden elevar el riesgo de aspiración, deshidratación y malnutrición. Adaptar las consistencias y mantener una postura adecuada ayuda a reducir complicaciones.
Tragar es una acción cotidiana que puede representar un riesgo para las personas con disfagia, un trastorno que dificulta el desplazamiento de los alimentos desde la boca hasta el estómago.
En estos casos, una elección o preparación inadecuada de los alimentos puede favorecer episodios de atragantamiento, aspiración pulmonar, deshidratación y malnutrición. Además, no siempre son los alimentos más duros los que presentan mayor peligro.
El doctor Carlos Ruiz Escudero, jefe del Servicio de Diagnóstico por la Imagen del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, advirtió que los líquidos muy fluidos, como el agua, también pueden resultar difíciles de controlar durante la deglución.
Los alimentos que requieren mayor precaución
Entre las preparaciones que pueden representar un riesgo se encuentran aquellas que combinan diferentes consistencias. Sopas con fideos o trozos y leche con cereales requieren una coordinación precisa entre la boca y la faringe, algo que puede verse afectado por la disfagia.
También deben tenerse en cuenta los alimentos secos que se desmenuzan, como el pan tostado y las papas fritas. Al fragmentarse dentro de la boca, pueden generar pequeñas partículas difíciles de controlar.
Los productos fibrosos, como los espárragos y los alcauciles, también pueden dificultar la formación de un bolo alimenticio cohesionado. A ellos se suman los frutos secos, las semillas y los alimentos pegajosos, que requieren un mayor esfuerzo de masticación.
El especialista señaló además que la disfagia puede presentarse con frecuencia en personas que atravesaron un ictus, así como en quienes tienen enfermedades neurodegenerativas o tumores de cabeza y cuello, especialmente después de recibir radioterapia.
Triturar los alimentos no siempre es suficiente
La preparación de las comidas también cumple un papel importante. Según el especialista, uno de los errores habituales consiste en pensar que triturar cualquier alimento elimina los riesgos.
Un puré que conserve grumos, fibras, pieles o semillas puede continuar siendo peligroso para una persona con dificultades para tragar. Por eso, la textura debe adaptarse específicamente a las necesidades de cada paciente.
También se debe prestar atención a los líquidos. Utilizarlos sin espesar cuando existe dificultad para deglutir puede incrementar el riesgo, mientras que una utilización incorrecta de espesantes, tanto por defecto como por exceso, también puede generar problemas.
La postura y el cansancio también influyen
Durante las comidas, se recomienda que la persona permanezca sentada y erguida. Comer acostado o semitumbado puede favorecer la aspiración.
El cansancio es otro aspecto que debe observarse. Insistir en que un paciente termine el plato cuando ya muestra fatiga puede aumentar las dificultades durante la ingesta.
Adaptar las consistencias para comer con mayor seguridad
La modificación de la textura de los alimentos y las bebidas es una de las principales medidas para el manejo de la disfagia. El objetivo es conseguir una consistencia que pueda ser controlada adecuadamente durante la deglución y reduzca el riesgo de que el alimento llegue a la vía respiratoria.
Un consenso multidisciplinario elaborado mediante el método Delphi y publicado en abril de 2026 en la revista Clinical Nutrition sostiene que la alimentación de las personas con disfagia debe contemplar criterios específicos de textura, valor nutricional y adaptación individual.
Las preparaciones consideradas más seguras deben ser homogéneas, tener suficiente humedad y evitar grumos, fibras largas, semillas y pieles. A su vez, se recomienda variar los ingredientes y sabores para evitar la monotonía y mantener un adecuado aporte nutricional, incorporando carnes, pescados, huevos o lácteos adaptados.
Hidratación: el papel de los espesantes
En el caso de las bebidas, los espesantes pueden hacer que los líquidos sean más lentos y fáciles de controlar durante la deglución.
También se aconseja ofrecer pequeñas cantidades con frecuencia y utilizar alternativas como gelatinas adaptadas, agua gelificada o purés con alto contenido de líquido.
La hidratación requiere especial atención porque el miedo a atragantarse puede llevar a algunas personas con disfagia a reducir el consumo de líquidos, aumentando así el riesgo de deshidratación.