
El Salvador crecería un 4,5% en 2026, aunque el FMI anticipa una desaceleración para el año siguiente
El organismo proyecta una expansión económica superior a la estimada para 2025, pero advierte sobre los riesgos que representan el encarecimiento de la energía y los alimentos y la incertidumbre internacional.
La economía de El Salvador crecería un 4,5% en 2026 y moderaría su expansión al 4% en 2027, según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) incluidas en la edición de octubre de sus Perspectivas de la Economía Mundial.
La estimación representa una aceleración frente al crecimiento del 3,5% previsto para 2025. Sin embargo, el organismo advierte que la evolución económica estará condicionada por factores externos, entre ellos las variaciones en los precios de la energía y los alimentos y la incertidumbre internacional.
Con la expansión proyectada para 2026, El Salvador se ubicaría entre las economías de mayor crecimiento de Centroamérica, por detrás de Panamá, para el que se estima un avance del 5%.
Una previsión superior a los cálculos anteriores
Las nuevas estimaciones del FMI mejoran las perspectivas que había presentado en abril, cuando calculaba que la economía salvadoreña crecería un 3,3% durante 2026.
La proyección de octubre coincide con la del Banco Mundial, que también prevé una expansión del 4,5% para el país durante ese año.
Para 2027, en cambio, ambas instituciones anticipan una moderación del crecimiento. Mientras el FMI calcula un avance del 4%, el Banco Mundial estima una expansión del 3,9%.
Inflación y cuentas externas
El informe también incluye previsiones sobre la evolución de los precios. El FMI estima que la inflación promedio de El Salvador será del 2,7% en 2026 y descenderá al 2,1% en 2027.
En cuanto al déficit de cuenta corriente, el organismo proyecta que alcanzará el 4,8% del producto interno bruto en 2026, antes de reducirse al 3% durante el año siguiente.
Estas estimaciones se conocen en el marco del acuerdo de Servicio Ampliado del Fondo suscrito con El Salvador, aprobado el 26 de febrero de 2025 y previsto para un período de 40 meses, con un acceso total cercano a los USD 1.400 millones.
El ajuste fiscal y la deuda pública
En el seguimiento del programa, el FMI señaló que la consolidación fiscal avanzó, en términos generales, de acuerdo con las metas establecidas. También destacó el cumplimiento de objetivos relacionados con las reservas internacionales y la liquidez.
No obstante, el organismo remarcó que la evolución de la deuda pública dependerá de la continuidad del ajuste fiscal.
Entre las prioridades señaladas figuran el fortalecimiento de la recaudación, los límites al gasto, los cambios en el sistema previsional, las mejoras en la administración pública y una gestión más sólida de la deuda y la tesorería estatal.
El FMI también concedió exenciones por incumplimientos vinculados con la acumulación de Bitcoin, tras evaluar medidas correctivas y compromisos asumidos por las autoridades salvadoreñas. Según lo comunicado por el Gobierno, no se prevén compras adicionales de la criptomoneda por parte del sector público, salvo donaciones documentadas.
Los riesgos para Centroamérica
En su análisis internacional, el organismo advirtió que el conflicto en Medio Oriente, las tensiones comerciales y las posibles interrupciones en el suministro energético podrían modificar las perspectivas de crecimiento e inflación.
Los países importadores de energía podrían enfrentar mayores presiones sobre sus cuentas externas, los ingresos de los hogares y las finanzas públicas.
Para Centroamérica, el FMI proyecta un crecimiento del 4,2% en 2026 y del 4% en 2027. En materia de inflación, prevé que el promedio regional pase del 1,8% registrado en 2025 al 3% en 2026 y al 3,7% en 2027.
Frente al posible encarecimiento de los combustibles y los alimentos, el organismo recomendó evitar subsidios generalizados por su costo fiscal y propuso priorizar ayudas temporales y focalizadas para proteger a los hogares de menores ingresos.
De este modo, las perspectivas para El Salvador anticipan un crecimiento más acelerado en 2026, aunque condicionado por la evolución de la economía mundial y la capacidad de sostener el equilibrio de las cuentas públicas.