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DIETA + EJERCICIO: LA FÓRMULA QUE REDUCE LA GRASA ABDOMINAL Y PROTEGE LA SALUD, SEGÚN CAMBRIDGE

Un estudio con más de 7.000 adultos confirmó que mejorar la alimentación y aumentar la actividad física al mismo tiempo potencia la pérdida de grasa visceral, la más peligrosa para el organismo.

DIETA + EJERCICIO: LA FÓRMULA QUE REDUCE LA GRASA ABDOMINAL Y PROTEGE LA SALUD, SEGÚN CAMBRIDGE

Un estudio con más de 7.000 adultos confirmó que mejorar la alimentación y aumentar la actividad física al mismo tiempo potencia la pérdida de grasa visceral, la más peligrosa para el organismo.

Un trabajo del Medical Research Council de la Universidad de Cambridge demostró que combinar una dieta más saludable con mayor actividad física es la estrategia más efectiva para reducir la grasa abdominal y prevenir enfermedades metabólicas. El estudio, realizado durante siete años con 7.256 adultos del Fenland Study, evaluó la calidad de la alimentación —medida en función del modelo mediterráneo— y los niveles de movimiento diario mediante sensores portátiles. A través de escáneres DEXA y ultrasonidos, los investigadores analizaron cambios en la composición corporal y signos de hígado graso.

Los resultados fueron contundentes: tanto la mejora de la dieta como el aumento de la actividad física, incluso por separado, se asociaron con menores incrementos de peso, grasa total y grasa visceral. Sin embargo, el mayor beneficio se observó en quienes modificaron ambos hábitos simultáneamente. Este grupo acumuló en promedio 1,9 kilos menos de grasa total y 150 gramos menos de grasa visceral, una reducción que equivale al 7% y al 16% de sus valores iniciales, respectivamente. La grasa visceral, ubicada alrededor de los órganos, es la que más riesgo representa, y fue la que más respondió a los cambios combinados de estilo de vida.

Los especialistas destacan que no todas las variaciones de peso tienen el mismo impacto. El primer autor del estudio, Shayan Aryannezhad, señaló que es clave observar no solo cuánto peso se pierde, sino qué tipo de grasa se reduce y dónde se almacena. La investigadora Nita Forouhi subrayó que pequeñas mejoras sostenidas en alimentación y movimiento durante la mediana edad pueden prevenir enfermedades, mejorar el envejecimiento y reducir el impacto social y sanitario de la obesidad.

El trabajo refuerza la necesidad de políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos saludables y promuevan entornos que incentiven la actividad física diaria. Según los autores, esta combinación es fundamental para disminuir la grasa perjudicial, evitar patologías metabólicas y mejorar la salud a largo plazo.

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