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DETECTAN 25 NUEVOS RESTOS DE BASURA ESPACIAL EN LA ÓRBITA GEOESTACIONARIA

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Warwick identificó fragmentos de hasta cinco centímetros que no figuraban en registros públicos. Los expertos alertan por el riesgo que representan para satélites de comunicaciones y monitoreo ambiental.

DETECTAN 25 NUEVOS RESTOS DE BASURA ESPACIAL EN LA ÓRBITA GEOESTACIONARIA

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Warwick identificó fragmentos de hasta cinco centímetros que no figuraban en registros públicos. Los expertos alertan por el riesgo que representan para satélites de comunicaciones y monitoreo ambiental.

Investigadores detectaron 25 nuevos objetos de basura espacial en la órbita geoestacionaria, ubicada a unos 36.000 kilómetros sobre el ecuador terrestre. El hallazgo incluye fragmentos pequeños que podrían representar una amenaza para satélites operativos utilizados para comunicaciones, radiodifusión y observación ambiental.

El estudio, publicado en Journal of the Astronautical Sciences, indicó que cerca del 80% de los objetos débiles encontrados no aparecía en catálogos públicos. Los especialistas señalaron que la falta de información sobre estos restos refuerza la necesidad de realizar observaciones sistemáticas para conocer su cantidad y comportamiento.

El equipo utilizó datos de archivo obtenidos con el telescopio Isaac Newton, ubicado en La Palma, Islas Canarias, y aplicó nuevos algoritmos de procesamiento de imágenes mediante una técnica conocida como apilamiento ciego. Este método permitió identificar objetos que no habían sido detectados en análisis anteriores y estudiar sus movimientos en el espacio.

James Blake, investigador del Centro de Conciencia del Dominio Espacial de Warwick y autor principal del trabajo, explicó que incluso los fragmentos pequeños pueden generar daños debido a las altas velocidades a las que se desplazan. Además, advirtió que los restos ubicados en la órbita geoestacionaria pueden permanecer allí de manera indefinida.

Los investigadores definieron esa región como un entorno de riesgo debido a la dificultad para detectar objetos pequeños y a la importancia estratégica de las posiciones orbitales disponibles. Tras el estudio inicial, el equipo amplió las observaciones con telescopios de Australia y Japón mediante la colaboración con instituciones internacionales.

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