El recorrido de los trabajadores golondrina que siguen las cosechas por distintas regiones del país
Cada año, unos 150.000 trabajadores rurales se desplazan entre provincias para participar de las distintas campañas agrícolas. Santiago del Estero concentra una parte importante de este movimiento.
Aunque los alimentos forman parte de la vida cotidiana de millones de personas, detrás de cada cosecha existe un amplio grupo de trabajadores que se desplaza por distintas regiones del país. Se estima que alrededor de 150.000 peones rurales participan cada año de este circuito estacional, de los cuales unos 35.000 provienen de Santiago del Estero.
Los llamados trabajadores golondrina sostienen tareas vinculadas con las economías regionales y las exportaciones. Su actividad está marcada por los ciclos de producción y por desplazamientos que, en muchos casos, se repiten año tras año.
Un fenómeno con raíces históricas
El trabajo rural estacional tiene antecedentes que se remontan a fines del siglo XIX, cuando la Argentina se consolidó como un país agroexportador. En aquella época, la migración hacia las zonas de cosecha estuvo vinculada tanto con la búsqueda de empleo como con mecanismos que condicionaban la disponibilidad de mano de obra rural.
Con el paso del tiempo, este movimiento atravesó diferentes etapas. Entre 1870 y 1920, una parte importante de los trabajadores temporarios llegó desde Europa. Posteriormente, durante el siglo XX, el freno de las migraciones intercontinentales hizo que las provincias del norte argentino adquirieran un papel central como origen de los cosecheros.
En las últimas décadas, además, aumentó la llegada temporal de trabajadores procedentes principalmente de Bolivia y Paraguay.
El circuito de las cosechas
La movilidad de los trabajadores está determinada por el calendario agrícola. El período de mayor actividad se extiende entre octubre y marzo, aunque las fechas varían según la producción y la región.
Los cosecheros pueden trasladarse hacia la Pampa Húmeda para participar de tareas vinculadas con el maíz híbrido y la fruta fina. También llegan al Alto Valle de Río Negro y Neuquén para la recolección de peras, manzanas y frutas de carozo.
En Cuyo, el trabajo se concentra en actividades como la vendimia y la cosecha de aceitunas, mientras que en el Noroeste argentino se incorporan a la producción de limón, tabaco y arándanos.
El avance de la tecnología modificó algunas de estas tareas, especialmente mediante la incorporación de maquinaria en cultivos de cereales, oleaginosas y viñedos. Sin embargo, determinadas labores continúan requiriendo trabajo manual. Esto también generó períodos de contratación más breves y una mayor inestabilidad para algunas cuadrillas.
Santiago del Estero, uno de los principales puntos de origen
Santiago del Estero ocupa un lugar destacado dentro de este circuito migratorio. Allí, pequeños campesinos y trabajadores sin tierra de distintas zonas encuentran en los desplazamientos estacionales una alternativa para obtener ingresos.
En sectores ubicados entre los ríos Dulce y Salado, que abarcan departamentos como Atamisqui, Loreto, San Martín y Figueroa, la movilidad forma parte de las estrategias de subsistencia de numerosas familias.
El recorrido suele organizarse en períodos de dos o tres meses. Los trabajadores parten en cuadrillas y luego regresan a sus localidades de origen, que funcionan como base durante el resto del año.
Jornadas extensas y condiciones precarias
Las cuadrillas suelen estar integradas por entre 13 y 17 personas y cuentan con un trabajador que actúa como “cabecilla”. La organización combina vínculos comunitarios con las exigencias propias de las campañas agrícolas.
Entre las condiciones descriptas aparecen jornadas laborales de hasta 14 horas, sistemas de pago a destajo y alojamientos en galpones o establecimientos con escasez de servicios básicos.
La falta de electricidad en algunos campamentos también dificulta la comunicación con las familias. Aunque muchos trabajadores cuentan con teléfonos celulares, no siempre disponen de medios para mantenerlos cargados durante sus estadías.
El impacto en las familias y la cultura
La migración temporal también repercute en la vida familiar. Mientras los hombres suelen realizar desplazamientos de ida y vuelta vinculados con las cosechas, las mujeres que permanecen en las comunidades asumen durante esos períodos tareas relacionadas con la crianza, el cuidado de adultos mayores y la agricultura de subsistencia.
Para los jóvenes, que representan una parte importante de los cosecheros, la primera experiencia de trabajo fuera de sus localidades puede marcar el ingreso a la vida adulta. Sin embargo, las ausencias prolongadas también pueden afectar los vínculos familiares.
El movimiento migratorio tiene además consecuencias culturales. En las comunidades santiagueñas vinculadas con este circuito, el uso de la lengua quichua presenta una disminución entre las generaciones más jóvenes. Aun así, continúa siendo utilizada como una expresión de identidad en los lugares donde los trabajadores desarrollan sus tareas.
Una tradición que continúa
La historia de los trabajadores golondrina fue analizada por distintos investigadores a lo largo de más de un siglo. Entre los antecedentes se encuentran los trabajos de Max Weber sobre la agricultura argentina y el informe elaborado por Juan Bialet Massé en 1904 sobre las condiciones laborales del país.
También fueron relevantes los estudios de Juan B. Justo, Zulma Recchini de Lattes, Carlos Reboratti, Santiago Bilbao, Raúl Paz, Alberto Tasso, Rubén De Dios y Cristian Jara, entre otros investigadores.
En la actualidad, el desafío planteado en torno a este sector incluye mejorar las condiciones laborales y sociales de quienes participan de las cosechas temporarias, así como fortalecer las oportunidades de capacitación y protección durante los períodos en los que no hay actividad agrícola.
El circuito de los trabajadores golondrina continúa así formando parte de la estructura productiva argentina, con desplazamientos que atraviesan distintas provincias y se repiten de acuerdo con el calendario de cada cosecha.